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Blog de Chef Potro

Historias, recetas y técnicas culinarias...

Hoy es el Día del Padre y no para de llover, así que en este día de invierno prepararé una cremita para dar energía a los padres que necesiten calentar el cuerpo en este día. Resulta que mi vejete, como le digo de cariño, es un hombre complejo y ambicioso, antropólogo de profesión y empresario por visión, ha trabajado y sacrificado mucho por pararse donde ha querido estar.

Desde que estamos en el vientre materno empezamos a estimular nuestros sentidos, de ahí es que comienza un viaje sin retorno al mundo de la percepción.

Esta pregunta es muy recurrente a la hora de decidir qué hacer para el almuerzo o la cena, y este post nace de un ejercicio que hago con mis alumnos cuando están bloqueados en la creación de un plato.

El otro día me dieron unas ganas tremendas de comer el plato favorito de la mayoría de los chilenos, cuando vamos a un restaurant no me digan que no les pasa que, cuando existe un mínimo de duda, terminamos pidiendo un bistoco a lo pobre.

Después de una larga ausencia en el mundo de los posteos, regreso con todas las ganas de contar algunas historias culinarias, justamente esto coincide con el inicio del año académico 2012, así que dedicaré este post a mis nuevos y viejos alumnos para que se inspiren y sepan que con pasión por la cocina es posible concretar cualquiera de sus sueños.

Me encontré haciendo un evento de cocina chilena, nada fuera de lo normal, platos absolutamente tradicionales, trabajando con dos de mis alumnas más aventajadas… bastante convencional… como cualquier día. Era un evento más bien grande, debíamos montar un buffet para más de 250 personas entre nosotros tres, ¡toda una hazaña! Pero la verdad de las cosas es que este evento estaba bien lejos de ser una común cena de cocina popular, ¡estábamos en Sudáfrica!.

Cuando hablamos de empanadas, nos referimos a una amplia cultura que abarca a prácticamente todos los países hispanos, es por eso que muchos chilenos discuten el hecho de que las empanadas son chilenas realmente. Lo cierto es que efectivamente “nuestras empanadas” son absolutamente chilenas, evidentemente que tienen un origen español y común a todos los países que poseen sus propias versiones, pero la nomenclatura que nosotros usamos las hace únicas y distintas a todas sus tocayas.

Tuve unos invitados que practican el Tao, término metafísico que viene del taoísmo que significa camino o vía, es una filosofía de vida que busca el equilibrio y la armonía, se basa en ideologías o religiones orientales y no hablaré más de ello por temor a agraviar con mi ignorancia a todos aquellos que poseen el conocimiento y participan de este camino.

Lo entretenido de la cocina es que en el momento en que se repiten ciertas situaciones que involucren ciertos platos que sólo preparamos en aquellas situaciones nos encontramos ante una tradición culinaria, en mi caso puedo contarles que el chancho con piña de la comida china, se ha convertido en una tradición fraterna. En efecto, cada vez que mi hermano viene a visitarme, no puedo dejar de preparar uno de sus platos favoritos, el asunto es que se ha vuelto una tradición porque siempre coincide en que lo hacemos cuando estamos solos y queremos comer justamente como el protagonista de esta preparación, ¡como chanchos!.

Siempre se dice que el desayuno es la comida más importante, esto se reafirma especialmente a la hora de recuperar energías luego de un día de asado campestre. Es evidente que si estás en el campo la tradición nos obliga a comer un buen pan amasado.

Para empezar a cocinar estas papas rellenas, primero debo contarles el por qué elegí esta receta. Cuando se propuso el impulsar el día de la madre a través de nuestros blogs se me vinieron a la mente un sin número de platos que comimos felices en diferentes oportunidades. Hoy, y para éste día de las madres elegí una de las recetas que nos trajo más satisfacción a mi hermano y a mí durante muchos años y hasta la actualidad.

Como debe ser y para resguardar el honor de la palabra potril les digo que lo prometido es deuda, después de innumerables peticiones de “algo dulce”, me presento ante ustedes con una receta básica pero infalible, existen pocas cosas que puedan competir directamente con un rico cheesecake, es por eso que hoy les mostraré cómo lograr el éxito en esta famosa preparación sin mayores dificultades.

En menesteres de restorán, haciendo compras con mi cocinero de confianza, surgió una conversación en la que me relató de un famoso y rústico plato llamado Chancho Campero con Puré Picante que cocinaba en un restorán en el que había trabajado, entonces le pedí que me contara la receta, consta básicamente de un costillar de cerdo de larga cocción en una mezcla de vino tinto y blanco, luego cuando el estofadito está listo se acompaña con puré picante y la guarnición de verduritas de la misma cocción del chacho. Se oía muy suculento y como su nombre dicta, muy campestre. Por lo tanto, le propuse que lo cocináramos para ver todo el proceso y poder mostrárselo al mundo.

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